La supervisión, los espacios tranquilos y educar a ambas partes crean una amistad duradera y segura.
Nunca dejes solos a niños pequeños y perros, por mucha confianza que te dé el perro. La mayoría de las mordeduras a niños ocurren con perros conocidos y podrían evitarse si un adulto leyera a tiempo las señales del perro.
Lamerse los labios, bostezar, apartar la mirada, meter el rabo entre las piernas o enseñar el blanco de los ojos significa que el perro está incómodo y necesita espacio. Un gruñido es información útil, no una travesura — nunca lo castigues, o eliminarás el aviso previo a la mordedura.
Enseña a los niños a no molestar a un perro que come, duerme o está en su cama, y a acariciarlo con suavidad en el pecho en lugar de abrazarlo o inclinarse sobre él. Dale al perro una zona segura sin niños a la que pueda retirarse en cualquier momento.
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