Conocer unas pocas técnicas sencillas te hace ganar un tiempo precioso de camino al veterinario.
Presiona con firmeza un paño limpio sobre una herida que sangra y mantén la presión: añade más capas en lugar de levantar para mirar. Los rasguños leves pueden enjuagarse con agua tibia y vigilarse por si aparece hinchazón o infección.
Un jadeo intenso, encías rojo brillante, tambaleo y vómitos con tiempo cálido son una emergencia. Lleva al perro a la sombra, refréscalo con agua tibia —no helada— sobre el cuerpo, ofrécele pequeños sorbos y acude al veterinario aunque parezca recuperarse.
Ten un botiquín con material de vendaje, un extractor de garrapatas, suero fisiológico y el número de tu veterinario, y conoce tu clínica de urgencias más cercana. Un perro herido y asustado puede morder: un bozal blando os protege a los dos.
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